En mi primera visita a la clínica, estaba un poco tímida al principio y esperé hasta el segundo paciente para traducir. Esta vez, no perdí tiempo sino empecé a traducir en seguida.
El primer paciente sufría de un dedo de pie encarnado. Le dolía mucho, hasta no podría llevar un zapato sino una sandalia. Parece muy inflamado e infectado. Me sorprendí que el paciente no visitó a la cínica más temprano, antes de su dedo de pie estar tan serio. La enfermera lo vendó bien y le dio los materiales necesarias para que el paciente pueda vendarlo sí mismo. También habló con un podiatra para pedir turno.
El segundo paciente no tuvo ningún problema pero quería un análisis de la próstata. A él le daba mucha pena pero dijo que tenía más de cincuenta años y sabía que es importante tener chequeos regulares. Esta situación me sorprendió mucho porque usualmente los pacientes esperan hasta que estén muy enfermos, como el paciente previo, para visitar a una clínica.
Luego llegó un paciente nuevo entonces vi a este proceso. Brianna, el hombre, y yo fuimos a una sala privada donde Brianna le explicó al hombre las reglas de la clínica y sus responsabilidades como paciente (por ejemplo necesita llamar si no puede asistir a su cita, si no asiste tres veces consecutivas, no puede regresar por al menos seis meses). El paciente firmó cada hoja y Brianna le dio copias de las mismas hojas pero en español para leer y salvar. Finalmente, Brianna le preguntó preguntas sobre su historia médica y la de sus parientes.
Traté de llamar por teléfono a un paciente para decirle información de una cita en el hospital pero no me contestó. Una hora después de llamar, el hombre llegó a la clínica entonces le dije la información allí. Tuvo una cita para un escan en San José y lo más importante fue que tuvo que recoger un paquete para prepararle para el escan en el hospital eso día mismo.
El último paciente tuvo síntomas de la gripa. Tuvo tos, la nariz tapada, le dolió la garganta, todo. La doctora le recetó un medicamente pero Mike tuvo que buscarlo primero. Me dijo que en este parte del año, la gripa es super común y a veces usan toda de esa medicina.
En sólo dos visitas a la clínica, he aprendido muchísimo. La gente latina es muy amable y agradecida por todo que puede hacer para ayudar. Hablar y ayudar a estas personas es realmente un placer y, además divertido. Después de cada visita, me sentí muy bien, las experiencias me afectaron mucho.
A veces no sabía las palabras para explicarlo todo al paciente pero de veras, aprendí que hay más que saber las palabras. Los pacientes están bien nerviosos en la clínica y a mí parece que agradecen más la atención personal y el tiempo. También encontré que al menos pude hablar con la gente sobre algo cultural o, en un caso específico, de su ciudad de origen porque estudié en la misma ciudad. Disfruté mi tiempo en la clínica y sólo espero que llegue el momento de trabajar con la gente latina otra vez.
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